miércoles, 21 de marzo de 2018

SEGUIMOS IGNORANDO LAS CATÁSTROFES CLIMÁTICAS

Seguimos ignorando las catástrofes climáticas
Por Osvaldo Nicolás Pimpignano
La fundación de ciudades en América, seguía directivas precisas fijadas por las Leyes de Indias, entre otras dos pautas resultaban sencillamente sabias, prohibían edificar en terrenos inundables y a pesar que el manejo del agua era una ciencia no muy conocida, las ciudades se fundaban en las cercanías de un curso de agua para poder aprovisionarse. Al respecto ordenaban: “tomar las aguas arriba y arrojar las inmundicias aguas abajo”, como las construcciones estaban muy lejanas entre ellas,
arrojar la “inmundicias” aguas abajo no debían crear problemas, además los residuos de esa época eran prácticamente todos biodegradables.
A pesar de esto, si observamos las ciudades ribereñas del Rio Paraná, vemos que salvo la ciudad homónima, todas las demás están ubicadas en el valle de inundación del rio. El caso más trágico es Santa Fe, que a pesar de haber sido reubicada, las modernas obras de contención no están a salvo de las inundaciones.
Un caso particularmente analizado es la segunda fundación de Buenos Aires, por Juan de Garay, 1580 que cumplía estas normas pero no habría ocurrido lo mismo con la primera, a cargo de Pedro de Mendoza, en 1536. El habría inaugurado la práctica de construir sin tener en cuenta los limitantes del medio. La primitiva Buenos Aires se fundó junto al Riachuelo, en un lugar que durante mucho tiempo estuvo sujeto a inundarse. Para Paul Groussac, el lugar elegido por Mendoza era la costa misma del
Riachuelo, junto a la Vuelta de Rocha. Y Juan José de Nagera le contesta, en modo potencial con un detallado estudio geológico en el que demuestra lo absurdo que hubiera sido construir una ciudad en un lugar inundable, tratando de salvar la racionalidad del primer fundador, como si no fuera posible imaginar un error urbanístico en ese personaje histórico.
Este autor elige la parte superior del Parque Lezama. "En esta parte de la meseta, (dice), el suelo ofrecía grandes ventajas para vivaquear y construir una ciudad. ¡Nada de lagunas, lagunajos y pantanos, como en el bajo del Riachuelo!" Con el mismo criterio, en la historia oficial de la ciudad se señala que: "En las proximidades de la Vuelta de Rocha las inundaciones eran casi continuas. Además, los vientos que soplaban con gran fuerza sobre esa zona especialmente las llamadas sudestadas, la cubrían totalmente de agua durante semanas enteras, con lo cual se descartan todas las posibilidades de que don Pedro de Mendoza haya fundado una población en esos bañados o en los extensos
pantanos".
En realidad, los argumentos apuntan a decir que ninguna persona sensata fundaría una ciudad en lo que hoy es la Boca, pero no se ofrecen pruebas sustanciales de que haya sido así. Más bien tenemos indicios de lo contrario, tanto en lo que hace a la localización de la ciudad como a la sensatez de Pedro de Mendoza. Sabemos de por lo menos una inundación importante ocurrida durante la gestión de Mendoza afecto el área edificada. En la primavera de 1536 se destruyó completamente una iglesia recién construida, ya que "se la llevo la corriente del río", según afirman los mismos autores que descartan que Mendoza haya fundado la ciudad en los bañados del Riachuelo. Esto equivale a decir que esa iglesia fue edificada en la parte baja del Río de la Plata, quizás por haberse creído que ya no era una barranca activa, y por no haber reconocido la vegetación característica de las áreas anegables. Es decir, pensaron que el río no llegaría hasta el borde de la misma, como
efectivamente  sucedía en esa época.
El hecho anterior es uno más entre muchos de los que demuestran la impericia de Mendoza. De toda esta historia nos interesa destacar la mirada de nuestros contemporáneos, que no pueden creer que Mendoza haya fundado la ciudad en un lugar inundable y descartan por completo esa hipótesis.
Al mismo tiempo, con honestidad intelectual ofrecen una prueba contundente en contrario, al decir que la primera iglesia quedó completamente destruida por la creciente. ¿Acaso la inundación hubiera podido afectarla si Mendoza la hubiera construido en el alto? ¿En cuántas circunstancias estaremos nosotros  haciendo lo mismo, es decir, dejando de ver los fenómenos naturales que tenemos delante de los ojos? Las inundaciones ocurridas en los últimos cinco años en la parte central de nuestro país y el NOA o el NEA parecerían indicar que se radicaron ciudades sin haber analizado en profundidad las posibilidades de riesgo climático. En muchos casos se ignoró la experiencia que ofrecían la instalación de los ferrocarriles cuyos terraplenes rara vez son afectados por las inundaciones.
Por otra parte en agosto der 2017 las inundaciones que afectaron a casi todo el territorio bonaerense, provocaron daños sobre una superficie equivalente a un tercio de la producción agropecuaria del país. Según un relevamiento de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), que analizó 21,7 millones de hectáreas en la pampa húmeda, están comprometidos el 25% de la agricultura y el 26% del ganado vacuno del país. Además, en el caso particular de la provincia de Buenos Aires, el 60% de la producción lechera estaba en las regiones inundadas.
Un último ejemplo es la urbanización de la ciudad de Buenos Aires después del siglo IXX. En principio se utilizaron los terrenos altos, pero la necesidad y la especulación inmobiliaria llevaron a ocupar terrenos bajos y anegables, por ejemplo el llamado “bajo Flores” un humedal que oficiaba de moderador de los desbordes de los arroyos, que al ser rellenado perdió esta cualidad haciendo que las aguas afectaran barrios que se creía a salvo de estas contingencias, cosa que también está ocurriendo en la cuenca del Rio Lujan con las instalación de barrios cerrados que afectan el escurrimiento de las aguas produciendo inundaciones en zonas inimaginable de ser afectadas.
Lo que en épocas pasadas fuera calificado como un desastre natural se convierte por las sucesivas reiteraciones en un hecho permanente que debe entrar en el calendario de las administraciones locales, provinciales y nacionales, y exige planificar medidas de prevención para evitar las consecuencias de la escalada de estos fenómenos. Los gobiernos son responsables ambientales y deben actuar en forma urgente en materia de adaptación y mitigación del Cambio Climático. Esto solo será posible con la prevención y la aplicación de medidas anticipatorias por los gobiernos de las jurisdicciones afectadas y porque no, analizar otras susceptibles de sufrir desastres, que evidentemente son catástrofes pero que tienen poco de naturales ya que son producto de la intervención humana. 
Según parece desde 1536 no hemos atendido de las experiencias de don Pedro de Mendoza ni escuchado al Dr. Alberto Einstein cuando afirmaba que; ¡DIOS NUNCA TIRA LOS DADOS! 
FUENTES: El Ambiente en la Sociedad Colonial; de  A.  E.  Brailovsky
                 Ing.  Luis Antonio Blotta, del INTA Pergamino, Sección Clima
               CARBAP – Web Primicias Rurales

Por Osvaldo Nicolás Pimpignano
Periodista de Investigación – FLACSO
Para: ASOCIACION ECOLOGISTA RIO MOCORETA
osvaldopimpignano@gmail.com
Las imágenes fueron tomadas de la Web

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